Para la profesora Servia Marcano, habitante de las Residencias Horizonte en el sector El Vigía de Los Teques, la mañana del pasado 24 de junio de 2026 no solo quedó marcada por el evento telúrico que sacudió a los Altos Mirandinos, sino por lo que ella describe como un doloroso derrumbe emocional.
Tras años de trabajo y ahorros invertidos en acondicionar su hogar con esmero, la fuerza de la naturaleza dejó su apartamento sumergido en el caos, con el piso levantado, cerámicas partidas, severas fisuras en cada pared y el tanque sanitario destrozado.
«Fue un momento horrible. Yo no estaba en mi apartamento cuando ocurrió; estaba con mi hermana y mi hija en otra vivienda. Sentía que en cualquier momento se caía el techo, que hasta allí llegábamos. Cuando logré llegar y abrir la puerta, el impacto fue profundamente doloroso. Ver cada detalle que habíamos buscado con tanto amor destruido genera una tristeza que te inmoviliza. Yo sentía que no tenía solución, que todo estaba perdido», relata la docente con la voz entrecortada al recordar aquellos momentos de incertidumbre.
Sin embargo, en medio del duelo por la vulnerabilidad de su espacio sagrado, la respuesta institucional de la municipalidad, articulada a través del Plan de los 5 Vértices Guaicaipuro Renace, tocó la puerta de Residencias Horizonte. A través de la junta de condominio y asambleas de vecinos, el alcalde Farith Fraija inició un despliegue de inspección directa casa a casa para evaluar los daños estructurales y entregar certificados de materiales de construcción a las familias afectadas.
Durante la visita técnica al apartamento de Servia —el más golpeado del edificio—, se produjo un emotivo encuentro que transformó la desesperanza en un lazo de fe y reciprocidad. Al conversar sobre su trayectoria como docente jubilada del Liceo Andrés Bello, el alcalde Fraija reconoció de inmediato a la profesora que, décadas atrás, lo había marcado en su etapa escolar con una excursión pedagógica a Fuerte Tiuna para conocer la elaboración de suero antiofídico. La maestra que educaba fuera de las aulas reencontraba a su antiguo alumno encabezando la reconstrucción de su hogar.
«El apoyo que recibí de él y de su eficiente equipo fue inmediato. Nos entregaron los insumos y la orientación necesaria para reparar las paredes, el friso y colocar nuevamente el piso. Hoy ver mi apartamento completamente restaurado me llena de un orgullo y una felicidad indescriptibles. Puedo decir que mi hogar renació. Estaré infinitamente agradecida porque no nos dejaron solos en el momento más difícil», concluyó Marcano, cuya historia simboliza el lado humano de una gestión municipal desplegada para devolverle la tranquilidad y la dignidad a las familias de Guaicaipuro.
