Por: Sarah Teixeira (Prensa Alcaldía de Guaicaipuro)
Aquel estudiante que antes escondía los lápices ajenos como una forma de interactuar, hoy intenta usar su voz para pedir calma en los pasillos de su escuela. En este entorno escolar, el cambio no se percibe como un resultado inmediato o mágico, sino como un esfuerzo constante y consciente por manejar sus propios impulsos.
Su transformación tomó fuerza al integrarse al programa Guardianes de la LOPNNA, una iniciativa de la alcaldía de Guaicaipuro que forma a los estudiantes como mediadores y promotores de la convivencia pacífica, brindándoles herramientas para entender sus derechos y deberes ciudadanos.
Sobre esta labor, la presidenta del Sistema Municipal de Protección Integral del Niño, Niña y Adolescente (Smproinna), María Alejandra Lindarte, explica que el programa se enfoca en empoderar a los estudiantes: “Es una estrategia diseñada para formar a los niños y niñas como multiplicadores de sus derechos y deberes, brindándoles herramientas de mediación de conflictos y valores fundamentales. El objetivo es que ellos mismos sean los promotores de la paz y el buen trato dentro de sus instituciones educativas”.
En este espacio, el estudiante de quinto grado aprendió que el respeto es el primer paso indispensable para convivir mejor con sus pares. “Antes le quitaba los colores a los niños, pero después se los devolvía porque sabía que se sentían mal”, confiesa con una sinceridad que revela su proceso de introspección. Para él, aquellas acciones eran simplemente una forma de jugar, pero ahora reconoce que sus compañeros no percibían su comportamiento de la misma manera.
Sin embargo, el proceso de superación personal es un desafío diario y la profesora Maryori Acosta, nota esa dualidad que aún persiste en su comportamiento cotidiano dentro del aula. “En las sesiones de los Guardianes se resalta mucho su cambio, allí aprende a portarse mejor, aunque en el salón todavía le cuesta mantenerlo”, explica la docente. Esta realidad muestra que el programa no ofrece soluciones instantáneas, sino herramientas que cada estudiante va puliendo a su propio ritmo mientras intenta romper con viejos hábitos.
“Mis maestras dicen que soy más respetuoso; antes decía groserías y ahora he logrado no decirlas”, explica el integrante del grupo, quien busca activamente dejar atrás las etiquetas que lo marcaron anteriormente. Aunque sus compañeros aún se mantienen a la defensiva por situaciones del pasado, él persiste en su nuevo rol de mediador escolar para intentar ganarse la confianza de su entorno. “Cuando veo a un amigo molestando a otro, le digo que se quede quieto y que deje de actuar así”.
Su consejo para otros estudiantes inquietos es claro y nace de su propia experiencia: portarse bien hoy para ser mejores personas el día de mañana. Es una invitación a entender que la verdadera fortaleza no reside en el conflicto, sino en la capacidad de tratar bien a los demás y vivir en armonía con la comunidad.
Actualmente, el grupo de Guardianes prepara una obra de teatro sobre el acoso escolar, donde este alumno interpretará al personaje que molesta a los demás, usando la actuación para mostrar las consecuencias negativas de estas conductas.
Esta representación teatral se perfila como una oportunidad valiosa para que el estudiante reflexione sobre sus acciones pasadas mientras se convierte en un multiplicador del buen trato en su institución. Es un ejercicio de empatía donde utiliza su propia historia para educar a otros y demostrar que el cambio es posible cuando existe la voluntad de mejorar.
El camino hacia una nueva conducta no está libre de obstáculos, y para este niño, cada jornada en el aula representa una prueba a su propia determinación. Aunque la profesora reconoce que en ocasiones los viejos impulsos intentan ganar terreno, lo que realmente marca la diferencia es su deseo genuino de no rendirse y seguir intentándolo a pesar de las dificultades.
No se trata de una transformación perfecta, sino de la lucha constante de un niño que, cada mañana, decide esforzarse un poco más para dejar atrás el conflicto y elegir el respeto como su nueva forma de relacionarse con el mundo.


