Por: Sarah Teixeira (Prensa Alcaldía de Guaicaipuro)
En las siete parroquias del municipio Guaicaipuro el paisaje cotidiano ha comenzado a narrarse en clave femenina. Ya no se trata únicamente del despliegue técnico del nuevo asfalto que recorre los sectores populares o de la recuperación de plazas y espacios públicos en el casco central de Los Teques, sino de un cambio profundo en la estructura del poder local.
Desde la institucionalidad que rompe el silencio con la Línea Violeta, pasando por el éxito de emprendedoras que convierten el duelo en autonomía económica, hasta la resistencia de las líderes comunales que cuidan el barrio como si fuera su propio hogar, se está escribiendo una nueva crónica.
Esta es la historia de una gestión que no sólo resuelve problemas, sino que sana heridas y construye futuro: un Guaicaipuro donde la mujer ya no es sólo una voz en el coro, sino la directora de su propia orquesta.
Respaldo institucional
La transformación de este territorio nace desde una estructura que decidió dejar las oficinas para caminar el asfalto. Para Zorelys Figueroa, presidenta del Instituto Municipal de la Mujer, la atención a la guaicaipureña ha dado un giro de 180 grados estableciendo una red de respaldo que no conoce de distancias.
“Hemos llevado los programas a las siete parroquias porque la mujer ya no tiene que viajar largas distancias para ser escuchada, las instituciones ahora van a su comunidad”, explica Figueroa con la seguridad de quien ha visto los frutos de la descentralización a través del fortalecimiento de protocolos de respuesta inmediata y la articulación con la Línea Violeta.
Este enfoque trasciende la protección inmediata y se centra en la formación de funcionarios con perspectiva de género que eliminan la revictimización mientras promueven la independencia integral. “Entendemos que la autonomía económica es la llave para romper ciclos de violencia”, afirma la presidenta al destacar los pilares del instituto que incluyen la formación en oficios y una Escuela de Emprendimiento.
Bajo esta premisa de redes de apoyo sonoro y círculos de bienestar, Figueroa sostiene que una mujer dueña de sus emociones y de su sustento es, en última instancia, una mujer dueña de su propio destino.
Autonomía y éxito
Esa visión de independencia encuentra un rostro vibrante con Yedmely Contreras, una periodista de profesión que es el vivo ejemplo de cómo una crisis personal puede transformarse en un legado de éxito profesional. Su historia comenzó con un reto de transformación profunda tras la partida de su madre y en medio de ese duelo las extensiones de pestañas surgieron como un refugio creativo para mantener su mente ocupada.
“Lo que comenzó como un refugio se convirtió en mi mayor pasión”, relata Yedmely quien hoy lidera su propio estudio defendiendo un oficio que requiere una disciplina constante por la actualización que exige la industria de la belleza. Su huella no termina en el servicio estético sino que se extiende a través de su rol como instructora, un camino mediante el cual ha formado a más de 300 alumnas en Guaicaipuro.
En sus formaciones Yedmely impulsa la superación personal asegurando que la única competencia real es con la persona que se fue ayer. Su mensaje para los jóvenes que temen explotar sus talentos es una invitación al riesgo: la vida es corta y es preferible intentarlo mil veces que quedarse con la duda del qué hubiera pasado.
Fuerza comunal
Si la institución pone el marco y el emprendimiento la autonomía, las líderes de base como Nora Lozada ponen el alma y la resistencia en el territorio. Como vocera del Consejo Comunal Ruiz Pineda y figura clave de la Comuna La Matica Revolucionaria, ella encarna ese liderazgo vecinal que entiende que la comunidad es una extensión del propio hogar.
“La calle es dura y fuerte con los problemas que tenemos”, confiesa, “pero cuando nosotras nos proponemos como mujeres que queremos la patria y nuestra comunidad los vecinos nos respetan y nos apoyan”. Para ella el respeto se gana demostrando que con poco se hace mucho, logrando que la gente acuda a las asambleas porque confían en una gestión que habla con hechos.
En su discurso la unidad es la única vía para el éxito y Nora conecta esa convicción con el amor más profundo al afirmar que se debe amar a la patria como se ama a las madres, a los hijos y a los nietos. Al caminar por los sectores que ha visto transformarse siente que cada proyecto materializado le devuelve la esperanza a la gente. “Yo como mujer, madre y abuela siento que vale la pena y seguirá valiendo la pena luchar por el municipio porque mientras más difícil es la situación Dios siempre está con nosotros”, asegura con una fe que mueve voluntades.
Un futuro femenino
Estas tres visiones convergen en una verdad innegable: el Guaicaipuro de hoy ya no puede explicarse sin el protagonismo de sus mujeres. La huella que están dejando no es sólo de cemento o leyes sino de una dignidad que redefine lo que significa liderar en tiempos complejos.
Es el legado para las niñas que hoy corren por las plazas de nuestras parroquias y que mañana verán como algo natural que una mujer sea la que proteja, la que cree, la que gestione y la que transforme su realidad. En este municipio la fuerza femenina ha pasado de ser una voz en el coro a ser la directora de la orquesta, escribiendo una crónica de libertad que apenas comienza a dar sus mejores frutos.


