Por: Jesús Guerrero (Prensa Alcaldía de Guaicaipuro)
En la periferia de Los Teques, allí donde el ruido de la carretera vieja Caracas-Los Teques se disuelve en el murmullo del río San Pedro, se encuentra un refugio que desafía las estadísticas del abandono. El Centro de Restauración Mahanaim no es un hospital frío; es un espacio de jardines, canchas de bolas criollas y una piscina, rodeado por un imponente entorno montañoso que invita a la introspección.
Allí, entre el aire puro de la montaña, encontramos a José Antonio Contreras, un hombre cuya serenidad actual contrasta drásticamente con el caos del que logró escapar. Su historia no es sólo la de un hombre en rehabilitación, sino la de una metamorfosis humana completa.
El abismo: “Vivir en un container”
Hablar del pasado para José Antonio es evocar una oscuridad que muchos prefieren ignorar. Su relato es crudo y sin filtros: recuerda haber sobrevivido en las calles de Caracas, habitando en containers y enfrentando la soledad de estar detenido. Ese “bajo mundo”, como él lo define, es un lugar donde el individuo se desdibuja hasta perder el sentido de su propia existencia.
“Yo he pasado por esa situación de vivir en un container, de estar detenido en la capital… A aquellas personas que se encuentran sumergidas allí, les digo: hay que reconocer que hay un problema que tienes que tratar”, afirma con la autoridad que da haber sobrevivido al naufragio social.
El proceso: Once meses entre la montaña y la fe
A pocos días de cumplir un año de internado, José Antonio reconoce que el camino no ha sido una línea recta. El proceso de rehabilitación en las riberas del río San Pedro es una montaña rusa emocional. “He tenido altas y he tenido bajas”, confiesa con honestidad, dejando entrever esos momentos donde estuvo a punto de rendirse y regresar al asfalto.
Sin embargo, destaca que en los momentos de flaqueza, el entorno del centro y la intervención del equipo multidisciplinario han sido su ancla. No sólo se trata de medicina para el cuerpo, sino de psicología para la mente y acompañamiento para el espíritu. “Le doy gracias a Dios porque ha puesto instrumentos como la alcaldía de Guaicaipuro, en sus ramas de enfermería y psicología… nos han prestado esa atención que realmente necesitamos”.
Un mensaje para los que están en la sombra
Para José Antonio, la recuperación es una decisión que requiere ayuda externa y un cambio de paisaje mental. Su mensaje para quienes hoy piensan en atentar contra su vida es de una urgencia vital: “Amigo, amiga, tú que te encuentras allí: hay esperanza para ti. Estás pasando por un proceso, pero Dios te abre las puertas… aprovecha y busca lo que sí existe”.
El compromiso institucional y la gestión municipal
El caso de José Antonio es el rostro visible de una política pública de salud mental que se ejecuta con disciplina en el municipio Guaicaipuro. Bajo la gestión del alcalde Farith Fraija, el abordaje de las adicciones ha pasado de ser un tabú a convertirse en una prioridad de protección social.
A través de la Oficina Municipal Antidrogas (OMA), los Centros de Orientación Familiar (COF) y el acompañamiento del Instituto de Salud, la municipalidad garantiza que la ayuda no sea intermitente. Estas jornadas integrales aseguran que el seguimiento médico y psicológico llegue a cada rincón, incluso a las riberas del río San Pedro, transformando espacios de reclusión en verdaderos centros de restauración.
Es un esfuerzo conjunto donde el liderazgo del alcalde Fraija y el trabajo de campo de la OMA convergen para demostrar que, con el apoyo correcto, es posible dejar atrás los containers de la oscuridad para volver a caminar bajo la luz de la montaña.


